Las ganas volaron de tu vera dejando el camino libre a la razón. Caprichosa se me enredo en los pies, echaron raíces los sentimientos bajo el roble abandonado. Poco a poco las mariposas cubrieron las hojas de recuerdos diluidos en el viento. El cuerpo cayo lentamente en el sopor de la ausencia.La memoria se clavo al filo del alma con la mirada perdida en la eterna distancia.
El aire envolvente de la noche, trae aroma de seducción ante el otoño que indecente emana todo su poder.La luna hace guiños iluminando delicadamente la piel tras las cortinas, nada parece romperel silencio que se ha instalado entre su respiración y la noche expectante de sus deseos. A lo lejos contempla a una mujer como algo delicado que puede esfumarse al menor roce. Es tan hermosa como el primer anhelo.Sus labios son la explosión de un intenso carmesí que le arrebata la conciencia, el corazón se le inflama sin querer derritiendo todo el frío que esa madrugada ofrece a su alma.
Apenas se mueve, no es capaz de perturbar aquél encuentro fortuito de sus miradas. Sigue sin dudar cada uno de sus movimientos, el aletear de sus pestañas, la delicada curva de su cuello al bajar la mirada, el cruce hiriente de sus muslos rozando la tela bajo el vestido. Moriría por correr a ella y arrebatarle el aire con un beso pecador que hiciera parar el tiempo y lo fundiera bajo su añorada piel. Más permanece ahí, sintiéndola absolutamente dueña de todos sus pensamientos, como el tonto enamorado que la desea, como el amante entregado guardián de sus secretos.
Ella se mueve despacio, como una pantera que segura de su destino, camina ondeado sus caderas, abriéndole paso a la esperanza de aquél hombre que ansioso espera la muerte si es en sus manos. La distancia se ha acortado, sus labios apenas se entreabren en un quizás que les roba toda posibilidad de escape. Él descubre que no es tan débil, Ella se descubre frágil entre sus brazos.